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Entradas de la sección ‘Lectores menudos, menudos lectores’

Os recomendamos un libro de poesía infantil

16 Octubre 2009

Ya sabéis que uno de los apartados de este blog se llama “lectores menudos, menudos lectores”.

Nos gustaría que utilizáseis este espacio para recomendar a otros los libros que más os gustan a vosotros o a vuestros pequeños, de manera que entre todos fomentemos este gran hábito de la lectura.

En esta ocasión os queremos recomendar un libro de poesía infantil muy nuevo que ha caido en nuestras manos. se llama “El secreto del oso hormiguero” y ha sido ganador del primer Premio de poesía para niños “Ciudad de Orihuela”. Su autora es Beatriz Osés y las ilustraciones son de Miguel Ángel Díes y la verdad es que no tiene desperdicio. 

Aquí tenéis una de las poesías:

Donde sueña la jirafa

Cuando llega la noche

y se siente cansada…

la jirafa se acuna,

se inclina,

se mece,

sobre

la

lu

na.”

Esperamos que os guste, y también esperamos vuestras aportaciones.


“Todos contra la contaminación”

27 Enero 2009

29082008562.jpg 

Este es un poema de Gloria Fuertes, gran amiga de los niños que hizo cercana y entendible la poesía.

“Todos contra la contaminación”

Que los hombres no manchen los ríos.

Que los hombres no manchen el mar.

Que los niños no maltraten los árboles.

Que los hombres no ensucien la ciudad.

 

(No quererse es lo que más contamina,

sobre el barco o bajo la mina).

 

Que los tigres no tengan garras,

que los países no tengan guerras.

 

Que los niños no maten pájaros,

que los gatos no maten ratones,

y, sobre todo, que los hombres

no maten hombres.

                                          Gloria Fuertes “Versos fritos”

 

Si os animáis a mandarnos vuestras poesías o cuentos las publicaremos con mucho gusto en esta sección de “lectores menudos, menudos lectores”.


A todos los que alguna vez han pasado un mala noche con su bebé

18 Septiembre 2008

Os dejamos con una historia que hemos incluido en la sección “escritores menudos, menudos escritores” aunque no la haya escrito un niño sino un papi. Eso si, que todavía tiene mucho de niño. Seguro que alguno que otro de los que leyáis este cuento os sentiréis identificados con alguna parte del relato.

Dice así:

 “¿Me creerás si te cuento que existe un gigante bonachón tan grande que el campanario de la iglesia, que por febrero se puebla de cigüeñas, apenas le rebasa el zapato? Tan grande que a la altura de su rodilla, en un pliegue del pantalón, hay varios nidos de quebrantahuesos y, tanto que su pantalón siempre está mojado, pero no porque se haga pis, sino porque una vez, que de joven fue a dar un paseo por el norte, una borrasca se le enganchó a la bragueta y desde entonces no cesa de orbayar en sus partes.

Tiene dos camisas azul oscuro estampadas de estrellas: en la de verano, más fresquita, el pequeño y juguetón delfín, acompaña nadando al cisne y al águila que vuelan veloces hacia poniente donde se agazapa el escorpión, mientras el boyero, coronado de luminarias, arrea con su látigo a las osas mayor y menor. En la de invierno, de franela, otro gigante, Orión, se enfrenta con escudo y espada al Minotauro, mientras les observan (desde una distancia prudencial) las hermanas Pléyades.

Es tan grande, que al pasar por el medio día tiene que agacharse un poco para no chocarse con el sol y chamuscarse el cogote; y tanto que por la noche acostumbra a leer poesía a la luz ténue de la luna llena.

El caso es que este hombre descomunal tenía un hijo, un bebé con el que le gustaba mucho jugar, darle volteretas, hacerle cosquillas, tirarle al agua… y al que le gustaba mucho dormirse en brazos de su papi (lógico, son tan fuertes y acogedores…) Al gigante también le gustaba mucho acunarle en sus brazos y que el niño jugase con su pelo y su nariz mientras que poco a poco se le iban cerrando los ojos y cayendo la manita; y le gustaba sentir así como iba pesando cada vez más, hasta que se entregaba del todo al sueño.

Pero una noche el bebote se empeñó en dormir toda ella en brazos de su padre, y, cada vez que este intentaba dejarle dormido en su cuna, aquel empezaba a agitarse y a llorar como si por colchón tuviese unas brasas. El inmenso papá por darle gusto, siguió intentando dormirlo en brazos y le acunó y le acunó y le cantó y le cantó y le paseó y le paseó, pero cada vez que aparentaba haberse dormido e intentaba acostarle rompía a llorar y ¡vuelta a empezar!

Así pasaron buena parte de la noche hasta que el sueño, que no lograba vencer al hijo, venció al padre de modo que los párpados se le fueron bajando como telones, la cabeza fue cayendo hacia adelante y los brazos, antes un nido firme, se fueron aflojando hasta descolgarse, dejando caer al niño que caía y caía… viendo pasar a toda velocidad las estrellas de la caminsa de su padre, y caía y caía y se empapó el pijama al atravesar la borrasca ya  a la altura de la cintura del gigante, y caía y caía…

Por suerte, por muy deprisa que caigas, recorrer todo el cuerpo de un hombre tan alto lleva su tiempo, de modo que se pasó la noche y salió el sol que, al ver lo que estaba pasando comenzó a brillar con todas sus fuerzas tratando de despertar al gigante, pero el bebote caía y caía… Se agitaban sorprendidas las aves que anidaban en las rodillas del coloso al ver al niño pasar a tanta velocidad, cuando por fin, sacudido por un rayo de sol, el descuidado padre se despertó y, dándose cuenta de lo sucedido, se lanzó presuroso a recoger al niño. Apenas unos instantes antes de llegar al suelo el gigante atrapó al niño en plena caida. Mientras le alzaba de nuevo suspiraba aliviado: imagínate lo que puede pasar si te estrompas desde semejante altura.

El gigante tuvo que acunar y cantar un buen rato para tranquilizar al bebé, que se había pegado un buen susto. Y, también tuvo que respirar hondo varias veces para tranquilizarse él, porque la verdad es que lo ocurrido le hizo enfadar un poco.

Cuando se hubieron calmado, el bebé se acurrucaba para dormirse de nuevo y a su padre no le hubiese importado echarse un ratito, pero aquella mañana el sol había salido con tanto brillo que no había quien pudiera conciliar el sueño, además cada uno tenía que ir a su correspondiente dedicación: el gigante actuaba en cuentos en los que tenía que secuestrar a princesas chillonas y luego dejarse vencer por actores cachas y sin cerebro, y el bebé tenía que practicar su gateo yendo de áquí para allá chupándolo todo y dejándolo lleno de babas y, aunque a cada uno le encantaba su trabajo, ese día estaban tan cansados que no daban pie con bola. Incluso por la tarde, que solían jugar juntos y normalmente se lo pasaban de miedo, se enfadaban cada dos por tres por cualquier tontería.

Aquel fue uno de los días más largos y desagradables de cuantos habían pasado juntos, los desastres y los llantos se sucedían unos detrás de otros. Así se dieron cuenta de que lo mejor era descansar cada uno en su cama toda la noche y al día siguiente darse los buenos días y disfrutar el uno del otro todo lo posible”.

Queremos aprovechar esta historia para lanzar al aire un debate en el que expreséis vuestra opinión acerca de este controvertido tema: el del sueño; en el que hay defensores de, como el gigante, dormir al niño en brazos, dejar que vaya a nuestra cama…  y, defensores de aplicar técnicas más rígidas para que el niño aprenda a conciliar el sueño.

Y tú… ¿qué opinas?


“Historia universal”

20 Mayo 2008

Este es el título de uno de los cuentos que el Señor Vianchi (viajante de profesión) le cuenta a su hija por las noches. Son cuentos cortos, porque el Señor Vianchi se los cuenta por teléfono desde la ciudad donde esté trabajando.

Están recogidos en el libro “Cuentos por teléfono” del autor Gianni Rodari y la editorial es Juventud. Os queremos recomendar este libro que hará las delicias vuestras y de vuestro hijos.

Aquí os dejamos con este cuento (el último del libro) esperando que os guste.

“Al principio, la Tierra estaba llena de fallos y fue una ardua tarea hacerla más habitable. No había puentes para atravesar los ríos. No había caminos para subir a los montes. ¿Quería uno sentarse? Ni siquiera un banquillo, ni sombra. ¿Se moría uno de sueño? No existían las camas. Ni zapatos ni botas para no pincharse los pies. No había gafas para los que veían poco. No había balones para jugar un partido; tampoco había ni ollas ni fuego para cocer los macarrones; es más, mirándolo bien, tambpoco había macarrones. No había nada de nada. Cero tras cero y basta. Sólo estaban los hombres, con dos brazos para trabajar, y así se puedo poner remedio a los fallos más grandes. Pero todavía quedan muchos por correigir: ¡arremangáos, que hay trabajo para todos!”

 


23 de Abril Día Internacional del Libro.

22 Abril 2008

El día 23 de Abril se celebra el Día Internacional del Libro y no queríamos desaprovechar esta oportunidad para hacer una entrada que tuviera que ver con el mágico mundo de los libros.

¿Quién no ha tenido un libro en sus manos que no podía dejar de leer? ¿Quién no se ha embarcado en increibles hazañas con su personaje favorito? ¿Quién no ha sufrido con el protagonista de la historia que estaba leyendo?

Es una sensación fantástica la de encontrar un libro que te embauca y te tiene deseando tener un huequito por pequeño que sea para poder continuar con la historia donde la habías dejado.

Os proponemos que fomentéis en los más pequeños este placer. Pensad en la imagen de un niño con un libro en la mano. Esta sana costumbre de leer tiene muchas ventajas: ayuda a desarrollar la creatividad, la imaginación, mejora la ortografía, aporta conocimiento…

Algunos piensan que hay que esperar a ser mayor para crear este hábito, pero… no es verdad. Mucha gente piensa que los libros infantiles se reducen a los cuentos clásicos de Caperucita, Los tres cerditos… pero hay un sinfín de autores y editoriales especializados en el público más joven y podéis encontrar una gran variedad de títulos tanto en las librerías como en las bibliotecas.

Para los bebés es recomendable los libros de tela o plástico (o sea “chupables” y “lavables”) Cuando son un poco más mayores podéis usar libros de pasta dura con imágenes sencillas (los de animales les encantan) y luego se abren las puertas y… os encontraréis con que os persiguen con un cuento para que os sentéis con ellos, señalandoos incansables con su dedito las imágenes para que les contéis una y otra vez aquello que les gusta tanto.

Desde bebés podéis disfrutar ojeando un libro antes de ir a la cama y os aseguramos que si se hace desde pequeños, los niños no querrán irse a dormir antes de ver su cuento. Esta es una buena forma de ir suavizando el ritmo de la actividad del día antes de caer en los dulces brazos de Morfeo.

Podéis tener vuestra pequeña (al principio) biblioteca a la que el niño pueda acceder (así también puede responsabilizarse por ella) y además os recomendamos que uséis las  bibliotecas públicas donde podéis tomar libros prestados para haceros una idea de los gustos de vuestros hijos (es curioso ver como un día se reencuentran con un libro que habían cogido de más perqueños y lo recuerdan entrañablemente y quieren volver a llevárselo para verlo de nuevo) De esta forma también se acostumbran a visitar este silencioso sitio, a cuidar libros que luego leerán otros, devolverlos a tiempo… y podréis disfrutar de una gran variedad de títulos.

En este blog tenemos una sección que se llama “lectores menudos, menudos lectores” en la que iremos recomendando libros que nos parecen interesantes. Pero queremos que vosotros también recomendéis vuestros libros favoritos, los que más les gustan a vuestros hijos… y si éstos ya son más mayores, que ellos mismos nos lo cuenten.

Tenemos grandes competidores con la televisión, los videojuegos… pero no todo está perdido.




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