Este es un tema que muchas veces al ejercer la tarea de padres nos preocupa. El niño está en el parque y no quiere dejar sus juguetes, viene alguien a casa y no quiere dejarle sus cosas… y tenemos la idea de que hay que compartir, compartir es bueno, está relacionado con ser un buen niño, educado, sociable… pero el niño no quiere. ¿Cómo podemos solucionarlo entonces?
En primer lugar para poder compartir algo tienes que tener el sentimiento de que ES TUYO, entonces tú lo compartes con alguien. Así, nosotros los adultos, a veces tenemos algo que nos gusta o de lo que nos sentimos orgullosos y nos apetece compartirlo con otros y a veces no. La acción de compartir la decidimos nosotros en función de lo que sea, con quién lo vayamos a compartir… o acaso ¿todos podríamos prestar nuestro coche al primero que nos encontrásemos por la calle? o quien dice el coche dice el móvil, o cualquier cosa que tú estés disfrutando en un momento dado.
¡Ahhhhhh! ¿qué no es lo mismo? claaaaaro, lo que tine el niño es un cubo y una pala de plástico, un tazo, un peluche, un muñeco… pero es que son SU cubo y SU pala de plástico, SU tazo, SU peluche y SU muñeco, y él debería decidir si quiere o no quiere prestárselo a ese niño que está ahí en el parque y que a veces ni siquiera conoce. Si os fijáis, los niños suelen ser en ese sentido bastante más desprendidos que los mayores. Si les obligamos a compartir no sentirán que esos juguetes sean de su propiedad, no lo están decidiendo ellos mismos.
Lo que si que podemos hacer es cundir con el ejemplo prestándoles nuestras cosas cuando juguemos con ellos, invitando a amigos a merendar, llevando algo al parque para compartir… pero nunca obligarle a que comparta sus cosas. Podemos explicarle que él a veces usa juguetes que no son suyos, hacer acuerdos otros niño… Él debe saber que él decide sobre SUS propiedades, al igual que cuando quiera el juguete del niño que tiene al lado no debemos permitir que se lo quite sin preguntarle y deberá obtener su consentimiento para poder cogerlo, claro.
Este asunto es algo controvertido porque a veces se da la situación de que queremos que el niño sea sociable y que comparta, pero cuando decide regalarle a su mejor amigo el super muñeco que nosotros o algún familiar le habíamos regalado por su cumpleaños, cambiamos inmediatamente de parecer. Y no digamos si decide cambiarle el juguete que a nosotros nos ha costado 50 € por uno que cuesta 10€. ¿En qué quedamos?
Hay veces que cuesta pero tenemos que ser coherentes. Si a ti te dijeran todo el rato lo que tienes que hacer con un regalo que te han hecho, tarde o temprano lo dejarías a un lado y le dirías a esa persona que se lo volviera a llevar por no decir algo peor. Sólo si sientes que es tuyo te harás cargo de ello y aprenderás a cuidarlo y prestarlo a otros. Si sientes que nada te pertenece realmente y que en cualquier momento cualquiera te lo puede quitar… estarás agobiado y no lo querrás perder de vista.
Os invitamos a hacer una reflexión sobre este tema y a que nos contéis vuestra opinión a cerca de ello.
En Baby Gim, respaldamos la idea de que el niño tiene derecho a contribuir de alguna manera allí donde esté.
A los adultos nos gusta ayudar a nuestros grupos para que estos mejoren. De esa forma nos sentimos parte de ese grupo: en el trabajo, la familia, el equipo del que formemos parte…
Si nos fijamos, los niños desde poco tiempo después de nacer ya empiezan a contribuir con sus sonrisas, balbuceos… que provocan respuestas a su alrededor que hacen que se sienta felíz y que sigan haciendo esos balbuceos y sonrisas. Mirad como os “provoca” vuestro hijo de tan sólo unos meses para comunicarse con vosotros.
Más tarde son sus dibujos y todo tipo de piedras, palitos… que guardan durante toda la mañana como un tesoro para dárselo a mamá o a papá cuando salen del cole. Nos cogen una flor, nos hacen un dibujo…
En casa nos persiguen con un trapo, una herramienta… para ayudarnos. A veces es más fácil decirles que se aparten y hacerlo nosotros, pero si no le dejamos contribuir de alguna forma, le estamos diciendo que él no es necesario. Haced la prueba si no la habéis hecho ya y dadle al niño un trapo y decidle que limpie el polvo, que os ayude a doblar la ropa, a guardarla en el armario, a poner las servilletas en la mesa… y veréis lo felíz que se pone. ¡Está deseoso de ayudar!
Si hacemos ésto, además de favorecer su autonomía personal, le estaremos diciendo que el puede ayudar a ese equipo que es su familia, si no no tendrá sentido que cuando sea más mayor se le impongan una serie de tareas por obligación. Desde pequeños tienen que sentir que colaboran realizando pequeños trabajitos y explicarles que de alguna manera están haciendo que la familia vaya bien: papá y mamá trabajan para que haya dinero para comprar comida, ropa… y hacen la compra, la comida… los niños también pueden contribuir, aprendiendo cosas, cuidando a papá o mamá… (decidle al niño que estáis cansados y disfrutad de sus manitas en vuestra espalda dándoos un masajito)
Así, cuando son un poco más mayores pueden tener tareas asignadas: pueden encargarse de poner y quitar la mesa, bajar la basura, recoger su cuarto… Pero lo bonito de ésto es que lo haga porque sienta que de esa forma contribuye, no porque tiene que hacerlo por obligación.
Los niños son el futuo de esta sociedad… eduquémosles dándoles responsabilidad desde pequeñitos.
Los que trabajamos en el ámbito de la educación infantil coincidimos resignados en que estos meses (septiembre y octubre) son “los de los llantos” y nos disponemos pacientemente a pasar a través de ellos del modo más beneficioso para nuestros alumnos y menos perjudicial para nuestros nervios, que todavía queda mucho curso.
El comienzo del cole y del resto de las actividades extra - escolares suele venir acompañado tanto de las reacciones de los niños, llantinas, pataletas e incluso, en ocasiones, algún que otro catarro; como de las angustias de los papis, que nos vemos en la tesitura de dejar abandonados a nuestros retoños en manos de unos desconocidos despiadados que vaya usted a saber cómo van a tratarles (snif, tal vez nos hemos puesto un poco dramáticos, pero es algo así).
Sin embargo, la cosa no tiene por qué ser tan dura. Lo primero es que es normal que el niño plantee sus desacuerdos ¿o es que tú vuelves tan contento al trabajo después de un mes sin corbatas, horarios, prisas, etc.? Así que lo menos que puedes hacer es comprenderle (ojo ¡NO COMPADECERTE!) También es normal que, tras los primeros días de cole, los más pequeños nos vengan con mocos, fiebre, etc. En parte este desacuerdo se manifiesta así y en parte pasan a estar en contacto con muchas más personas lo que fomenta los contagios. En cualquier caso no debemos alarmarnos demasiado por ello si no darle la justa atención.
Buena parte de los miedos y desacuerdos con los primeros días de cole vienen provocados por la falta de información que le proporcionamos al niño respecto a lo que va a pasar. Hace poco un amigo me comentaba que su hija de tres años había empezado el cole tan contenta pero que los problemas vinieron el segundo día pues ella argumentaba al negarse a ir de nuevo que “ya fui ayer” Para ella el cole era algo donde se iba un día, se aprendía lo que fuese ¡y a otra cosa!
Para vencer esto es muy bueno poder visitar con los niños, con antelación las instalaciones y a las personas del colegio o escuela. Hacer juegos en los que se represente que se va al cole, que se va en la ruta, que se está en el comedor. Hablarles mucho sobre lo que va a pasar les dará mucha más seguridad.
Una de las principales razones de ser de la mayoría de nuestras actividades es que dan al niño y a sus padres la oportunidad de irse adentrando gradualmente y sin grandes “traumas” en la actividad escolar con todo lo que esto conlleva de nuevas relaciones con otros niños y adultos, nuevos espacios, nuevas normas, nuevos materiales…
Es por esto (entre otras muchas cosas) por lo que recomendamos a los papás que traigan a sus niños a actividades como la gimnasia para bebés, actividad acuática, etc. Y precisamente con este espíritu nace una nueva actividad que os queremos presentar en las próximas páginas.
En el una entrada anterior de esta publicación, al presentar nuestra nueva actividad “Talleres Matinales” concluíamos que, por encima de los numerosos beneficios de la actividad para la educación y desarrollo del niño, este “disfrutará como un enano”. Esta expresión hirió la sensibilidad de la mamá de uno de nuestros alumnos que padece enanismo y, dado que nuestra intención no es, qué duda cabe, hacer sentirse mal a nadie, decidimos rectificar nuestro error en este número.
La cuestión nos ha hecho reflexionar así que la cosa da para algo más que una simple fe de erratas. Qué menos que un editorial en el que presentemos, no sólo nuestras disculpas si no toda una declaración de principios que deje claras nuestra actitud e intenciones.
La riqueza de nuestro lenguaje se puede volver un arma de doble filo. Igual que en esta ocasión disfrutábamos “como enanos”, hay veces que trabajamos “como negros”, nos engañan “como a chinos” o nos sentimos “como subnormales” al ser incapaces de hacer alguna tarea que para otros es sencilla… Todas estas son expresiones que seguramente tengan origen en actitudes discriminatorias del pasado pero hoy por hoy es raro que se usen con este propósito, hasta tal punto que uno no se percata de estas consecuencias hasta que las suelta con un enano, un chino, un negro o un discapacitado delante.
Probablemente lo que diferencia a Baby Gim® de otros centros de actividades acuáticas es nuestro empeño en que, por delante de los beneficios funcionales que nuestras actividades proporcionan a nuestros alumnos, está el respeto por la persona con la que estamos trabajando. De hecho, prácticamente lo primero que enseñamos a nuestros estudiantes del Curso de Especialista en Actividades Acuáticas Infantiles y de Bebés es que el niño es una persona, como tú y como yo, y durante todo el curso se hace especial hincapié en que sea tratado como tal.
Bien, ahora no queda más que recordar los preceptos primero y segundo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos que nos explican que todos tenemos igualdad de derechos y que nadie debe ser discriminado por ninguna causa.
Tenemos una buena lección de estos y del resto de los artículos en los anuncios públicos y los materiales impresos que la asociación Juventud por los Derechos Humanos tiene a disposición de todos nosotros para enseñarnos y concienciarnos en estos principios. Aquí tenéis uno que va que ni pintado a este tema.
Insistimos en nuestras disculpas si nuestra expresión hizo sentirse mal a alguien, agradecemos que se nos hiciera notar con la amabilidad con que se hizo y prometemos ser más cuidadosos en el futuro con cualquier expresión publicada por este medio que pueda hacer que alguien se sienta discriminado.